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AYER SOCIALDEMOCRACIA, HOY CAPITALISMO DE IZQUIERDA ¿Qué nos quieren vender?

 

“En una época de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario”.

George Orwell

                     

                    Resulta asombroso ver como las propuestas de la izquierda frenteamplista para los temas centrales de nuestra sociedad se van convirtiendo en recetas parecidas a esas que pululan en internet para curar la artritis o la caída del cabello. El discurso progresista sobre salud, economía, educación y seguridad es de una superficialidad tal que si no dijesen nada daría lo mismo. Si a esto le agregamos la modalidad de los eufemismos instaurada por el Ministro de economía cuando acuñó aquello de La “Consolidación fiscal” para no decir ajuste fiscal a la vieja usanza, nos vamos acercando a un escenario de “Ellos hacen que explican y nosotros que entendemos”.

Estos giros idiomáticos resultan más curiosos aun, al provenir de hombres grandes, con largas y destacadas trayectorias públicas. Desconocemos la razón de esta tendencia idiomática, tal vez sea una manera de dar una sensación de cambio sin que nada cambie en realidad. Lo cierto es que más bien parecen recursos para tratar de ocultar o disfrazar ciertos desplazamientos incómodos de algunos personajes, hacia nuevas posturas que contradicen las prédicas de toda una vida.

El discurso de los dirigentes de la izquierda ha ido mutando hacia una perorata defensiva, carente de propuestas y “soluciones concretas a problemas concretos” (Lenin dixit). Por otra parte, la derecha autóctona, conservadora y retrógrada, gasta sus pocas energías en lanzar acusaciones, la mayor de las veces sin sustento real y en un tono chabacano, impropio de la investidura que ostentan y sin proponer soluciones a los problemas reales que preocupan y acucian a la población. Entre ambos, gobierno y oposición, han creado un espacio virtual de debate, donde se libran batallas interminables en las que van cambiando los actores pero los viejos libretos gastados  se repiten incesantemente. Unos y otros no comprenden que este jueguito de play station en el que han convertido la actividad parlamentaria, se desarrolla muy lejos de la realidad, los problemas y los tiempos de la gente. Los ejemplos recientes demuestran por donde se encamina el descontento: el resultado del Brexit, el plebiscito en Colombia y sobre todo el triunfo del peligroso outsider Trump ocupando, nada más ni nada menos, que el sillón presidencial de la potencia más militarizada del mundo contemporáneo.

Ante el notorio agotamiento de la paciencia  de los ciudadanos en diversas partes del mundo, y observando como en nuestro país se presentan síntomas similares,  se hace inevitable pensar  que si un Ministro de economía de izquierda no tiene claro que la primera y más importante misión de su gestión es dar respuestas y soluciónes a las necesidades de los más débiles de la sociedad, si se ha perdido esta perspectiva básica y elemental, estamos en serios problemas.

Lamentablemente, vemos con mucha preocupación como ha ido cambiando, no solo el lenguaje de los actores políticos, sino el contenido y el rumbo de sus propuestas. Está muy bien que los números macro cierren correctamente, pero la gestión no consiste únicamente en armar lindas carpetas para  las calificadoras de riesgo y  los organismos internacionales. Las cifras le tienen que cerrar también al trabajador a fin de mes y a Doña María en la feria, de lo contrario,  la gestión económica se convierte en otro video juego que sobrevuela la realidad pero no la atraviesa.

Pero el espectro político no está compuesto solo de tecnócratas, hay legisladores y dirigentes de origen humilde de los cuales cabría esperar una sensibilidad diferente, sin embargo a la hora de discutir distribución de riqueza para ayudar a los más sumergidos, la mayoría se alinea, cual soldados bien entrenados, para respaldar las decisiones de las cúpulas gobernantes y al final terminan destinando recursos que por lo escasos rayan en lo ofensivo.  Y cuando algún “disidente” se rebela ante alguna medida y alza su voz disonante, rápidamente lo aíslan y descalifican como si fuera un enemigo al que hay que aniquilar.

La percepción que tenemos los ciudadanos comunes y corrientes, los que votamos y pagamos los impuestos, es que los actuales dirigentes están más preocupados en permanecer en el poder que en apegarse a los compromisos contraídos con los ciudadanía  que los puso donde están. Por este camino, todo se reduce a ganar elecciones, a mantener los cargos y el status alcanzado. No comprenden que no se trata de durar sino de hacer lo que hay que hacer, sin medir costos políticos. Pero, claro, una cosa no es compatible con la otra: “La madre de todas las reformas” ¿la recuerdan? El buque insignia tan promovido por Vázquez y Mujica en sus respectivas campañas electorales, ni siquiera empezaron ¿o le habrán cambiado el nombre?, ¿Por qué no se hace? ¿por que no es necesaria?, no, no se encara por que molestaría a mucha gente y se perderían demasiados votos.

El camino por el que vamos, al igual que el que lleva al infierno, está empedrado de buenas intenciones. En cada nueva campaña electoral todos prometen lo que no van a dar y se comprometen con lo que no podrán hacer. Con esas actitudes debilitan a las instituciones y le  entregan la Democracia a esos outsiders mesiánicos que pululan por doquier.

Si en lugar de cambiar las viejas e incómodas banderas por trapos relucientes “made in china”; si en vez de avergonzarse y cambiarle el nombre a las antiguas consignas cuya vigencia es indiscutible; si dejaran de subestimar a la gente y bajaran del Olimpo virtual al que se han encaramado; si en lugar de tanto “gre, gre”, dijeran Gregorio, tal vez la gente empezaría a creer que  quien  gobierna es una fuerza  de izquierda.

Gracias por su tiempo. Hasta pronto!!!

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