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EL PRECIO DE LA UTOPIA

“ Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra.”  Gabriel García Márquez.

          En algún momento, no hace mucho, dentro de la izquierda algunas cosas importantes dejaron de tener valor y pasaron a tener precio. Las viejas banderas, consignas y postulados  que acompañaron a varias generaciones en duras batallas por los derechos y la dignidad de los pueblos, han ido desapareciendo de muros  y discursos. Algunas palabras y expresiones emblemáticas  han caído en desuso y algunos  hasta se avergüenzan de decir “compañero”, “militancia”, “proletariado” y “Lucha de clases”. Los ministros de  economía ya no hablan de “Estado de bienestar” “Redistribución de la riqueza” o “Justicia social” como si estos asuntos ya se hubieran superado o resuelto.

No tememos a los cambios, mas bien siempre los hemos promovido, pero cuando los cambios van más allá de la moda y el lenguaje y afectan el comportamiento y la conducta de las personas, pensamos que vale la pena intentar encontrar una explicación al respecto.

Haremos un pequeño repaso en el tiempo para tratar de identificar y explicar los momentos y las razones que motivaron ciertos cambios conductuales producidos en las izquierdas, que en algunos casos se ubican en las antípodas de lo que fue el sentir básico y tradicional del “ser de izquierda”

Poco a poco y en la medida que las opciones socialistas  fueron ganando elecciones y accediendo al gobierno a lo largo y ancho de Latinoamérica, fue calando la idea de que finalmente nos acercábamos al fin de una era infame, signada por el atropello, el despojo y la explotación de unos desalmados poderosos hacia unas grandes mayorías inermes, sometidas y postergadas desde el inicio mismo de nuestras noveles Repúblicas.

Nuestros países se recuperaban lentamente de la peste verde de las dictaduras militares, sembradas y abonadas por el gran Imperio del norte. La caída de la URSS y su colosal estafa ideológica y moral puso fin a “la guerra fría” y por consiguiente a todos los argumentos y falacias que sirvieron de justificativo para que ambas potencias cometieran, durante décadas, todo tipo de abusos y tropelías  en nombre de la libertad, la justicia social y la dignidad humana que, paradójicamente, arrasaban diciendo proteger.

Muchos creímos que se abría una posibilidad. Tal vez, luego de tanta manipulación, tanto engaño y tanto dolor, los postergados de siempre tendrían finalmente su oportunidad. Asomaban pequeños brotes esperanzadores por todo el continente y se escuchaban nuevamente viejas consignas, hasta hacía poco enterradas por los sepultureros de la Libertad.

Quizás la euforia del momento y las ansias tanto tiempo postergadas, no nos dejaron ver algunos indicios de que las cosas no serían tan lineales como parecían.

En nuestro país, la izquierda ganaba el gobierno departamental de Montevideo, marcando un hecho de enorme significado histórico. A pesar de todas las chicanas y artilugios montados por los militares y partidos tradicionales para evitar el acceso de la izquierda al gobierno nacional, el FA logró la mayoría de votos que le permitió romper la hegemonía imperante. Otro ramalazo de esperanza bañaba los sueños postergados de más de la mitad de la población del Uruguay.

Otra vez la emoción y la carga afectiva nos infló las expectativas de lo que serían los resultados de las venideras gestiones frenteamplistas.

El flamante Intendente Tabaré Vázquez encontró una ciudad desbastada por la incompetencia y saqueo de los militares primero y la intrascendencia de su antecesor colorado después. No obstante, con mano férrea y determinación, fue imponiendo orden y cierto rumbo a su administración.

Es durante este gobierno Municipal del FA que aparece el primer indicio de que algo había pasado con la mística y el “sentir de izquierda”. Los trabajadores municipales nucleados en ADEOM, comienzan una feroz escalada en pro de la recuperación salarial y otros derechos postergados, que habría de teñir de gris para siempre la relación entre las autoridades de izquierda y los asalariados del estado. El Dr. Vázquez fue muy generoso y solidario con el gremio, eso nadie lo discute, como tampoco se discute la legitimidad de los reclamos de los trabajadores. Lo esperable y lógico de parte de ADEOM hubiese sido una reacción de reconocimiento y solidaridad hacia los compañeros que lidiaban con un presupuesto y circunstancias complicadas. Pero no fue así, más bien todo lo contrario, los empleados municipales de Montevideo radicalizaron su discurso y sus reclamos salariales, anteponiendo sus intereses por encima de todos los demás. Con métodos coercitivos, cuasi mafiosos, han tenido de rehén una y otra vez, a la mitad de la población del Uruguay radicada en la Capital.

Difícilmente podamos encontrar actitudes menos de izquierda y más anti solidarias  que las medidas que viene aplicando ADEOM  sistemáticamente desde hace más de veinticinco años. Aunque, lamentablemente, no son los únicos.

Más atrás en esta nota nos referíamos a que notábamos algunos cambios en el pensar y sentir de Izquierda de los últimos treinta o cuarenta años. Los daños causados por  la dictadura se ven con mas claridad a medida que avanza el tiempo. Es como  en la evolución humana: los daños y traumas sufridos en la infancia se manifiestan en la adultez. Las dictaduras operan para dividir y separar a los individuos fomentando el individualismo y la obsecuencia. Por eso  no es de extrañar que la Sociedad post dictadura sea más individualista, menos solidaria, más materialista. Hay otro factor que empuja en el mismo sentido: el consumismo exacerbado, hijo dilecto del capitalismo salvaje que nos domina. Este flagelo  va imponiendo “el tener” por encima “del ser”. La izquierda tradicional que se creía inmune a estas contaminaciones  cometió el peor error posible: bajó la guardia.

Los más veteranos “nostalgiamos” a la Democracia pre dictadura que, aunque imperfecta y retaceada. nos permitió organizarnos y alzar la voz en contra de un sistema que se derrumbaba día a día. Las generaciones siguientes carecen de esa referencia pues no la vivieron. También sabemos los veteranos del sacrificio y las privaciones de nuestros padres y abuelos, algo que ellos desconocen. Gran parte de nuestra generación evitó trasmitir a sus hijos los padecimientos y atropellos sufridos y creó “mundos ficticios” creyendo que de esta forma su futuro sería menos doloroso, más “llevadero”. Lamentablemente esta distorsión de la realidad no produjo el efecto buscado.

Reflexionábamos al principio de la nota acerca de que tal vez la euforia de los cambios en el retorno a las democracias, no nos dejó ver algunas señales de alerta. Actuamos como siempre pero ya no éramos los mismos. Nos costó más defender  la Democracia que recuperarla. No hay que olvidar que un 43% de la gente votó por el “Sí” en el plebiscito del 80’ y que los militares no entregaron sus armas como los españoles en la Batalla de las Piedras.

El retiro de los dictadores no fue claro, no fue contundente, a más de cuarenta años  transcurridos aun siguen emergiendo cabos sueltos y quedan muchas cuentas por saldar. Las nuevas democracias emergentes debieron transitar por los campos minados que los militares, junto a los civiles traidores de siempre, armaron en su retirada para evitar rendir cuentas y a la larga asegurar su impunidad por los crímenes cometidos.

Durante esas décadas de opresión autoritaria el capitalismo no descansó sino que por el contrario se perfeccionó, se hizo también más despiadado, más salvaje y más grande. Al final de las dictaduras, los jóvenes debutantes estrenaron un mundo nuevo, con mucha libertad y cosas para consumir  y poco espacio para pensar y reflexionar.

No creemos en “el dios mercado” actuando y resolviendo todo al margen de la voluntad de las personas. No queremos una sociedad donde todo tenga  un precio y que el tamaño de la billetera defina la calidad de las personas.

Vemos con tristeza e  impotencia como casi todos los temas giran hoy en torno a lo material. La acumulación de bienes es el nuevo paradigma de los tiempos y los sueños y las utopías encontraron un discreto lugar en las series de televisión y las novelas de Harry Potter, que hoy se venden por doquier a precios accesibles.

Gracias por su tiempo. Hasta pronto!!

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