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Redes sociales

REDES SOCIALES: NI DIOSES NI DEMONIOS

El título de la nota pretende abarcar o reflejar nuestra percepción de las actuales formas y códigos de convivencia social. La adaptación forzosa  que los medios tradicionales de comunicación han debido realizar al influjo de los avances tecnológicos, así como el advenimiento de otros como la telefonía móvil y redes sociales, han ido imponiendo nuevas reglas y costumbres que, a su vez, han provocado grandes cambios en casi  todas las áreas del quehacer humano.  Hay un antes y un después de Internet. Prácticamente todas las actividades humanas (por lo menos occidentales) han tenido que acomodar el cuerpo, incorporando alguna de las innumerables prestaciones ofrecidas por la red de redes. La Política, por ejemplo, no ha sido ajena a este fenómeno y nos parece bien interesante hacer algunos apuntes acerca de como este manejo del nuevo mundo virtual ha permeado en nuestra clase política. Está instalada la idea de que las redes sociales con sus gigantescos entramados humanos  se han convertido, tal vez, en la mas poderosa herramienta comunicacional del Planeta. Muchos sostienen que “si no estás en las redes no existís”. Veamos algún ejemplo del manejo local de estas tecnologías. Uno de los primeros políticos del medio en utilizar las redes sociales fue el Senador Bordaberry. El legislador encontró en Twitter  una nueva plataforma  de comunicación y la utilizó profusamente durante  la última campaña electoral.  El Dr. Tabaré Vázquez, en cambio, se manejó con la casi total prescindencia de las redes, apostando a los medios convencionales utilizados tradicionalmente.

Bordaberry lideraba al Partido Colorado y Vázquez al FA . Los resultados de la última elección nos dicen que el FA cosechó el 48 % de los votos ciudadanos y el PC  el 13 %.

No sería  acertado ni muy científico sacar conclusiones lineales de estos resultados, pero la contundencia de los mismos,  relativiza algunas valoraciones desmedidas sobre el poder de las redes sociales. Es cierto que a través de las redes se pueden trasmitir ideas y conceptos muy rápidamente  y a mucha gente, pero como ha quedado demostrado, este fenómeno por si solo no garantiza resultados positivos al emisor. Lo que sucede es que el aluvión comunicativo no mejora a las personas… es más, puede jugarles en contra según las circunstancias. La indignación provocada por un discurso falaz de alguien de dudosa o cuestionada moral, rebotará extendiéndose a mayor velocidad y cantidad que el mensaje que la generó. Por lo tanto, a no confundirse ni encandilarse con estas nuevas tecnologías. Como toda herramienta, los resultados dependerán de la forma, las circunstancias y quien las utiliza.

A las redes sociales ni las endiosamos ni las demonizamos. Acerca de su estructura y prestaciones solo nos caben elogios y admiración, el uso y los contenidos van por otro carril.  Posiblemente sea prematura cualquier valoración contundente o definitiva sobre sus incidencias psicosociales, no obstante se pueden percibir algunos aspectos que juegan a favor de los ciudadanos de a pié…, por ejemplo la posibilidad de que cualquier hijo de vecino pueda presentar y compartir información que denuncie hechos turbios o delictivos o permita desenmascarar asuntos ocultos y personas de dudoso accionar. Estos aspectos manejados con responsabilidad mejorarán y darán mas transparencia a nuestras  opacas y devaluadas democracias. Por otra parte, confieren al ciudadano común la posibilidad de opinar y participar activamente en defensa de sus intereses. Sabemos que las redes sociales no tienen el poder de convertir a los malos en buenos ni a los corruptos y mentirosos en hombres honestos y sinceros, pero si nos consta que ayudarán en buena medida, a que muchas de estas lacras paguen por sus delitos y deslealtades.

Hasta luego

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