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¿SON ADECUADOS LOS SALARIOS DE LOS LEGISLADORES?

¿SON ADECUADOS LOS SALARIOS DE LOS LEGISLADORES?

Hay ciertos temas que son recurrentes cada vez que la economía se resiente o empieza a mostrar señales de recesión afectando el bolsillo de la gente. La caída del poder adquisitivo y el desempleo actúan como un disparador de conciencia en la sociedad, y los sectores más afectados “descubren” ciertas asimetrías  e inequidades que en épocas de “bonanza” les pasaban desapercibidas.

Las remuneraciones de legisladores, ministros e intendentes, en circunstancias adversas de la economía, pasan a ser objeto de cuestionamiento de la ciudadanía, principalmente por dos razones: Los altos montos de sus salarios y los magros resultados  de sus gestiones.

Los ciudadanos con ingresos fijos poco pueden hacer ante el aumento de precios al consumo, la inflación, el desempleo y otras variables que afectan su calidad de vida. Para manejar estos temas han nombrado a sus representantes políticos y es lógico que dirijan hacia ellos su frustración cuando las cosas no caminan. En el ámbito laboral privado, que es donde se desempeña la mayoría  de la población activa, los vínculos entre las partes se formalizan en base a contratos que establecen claramente las obligaciones y derechos de empleados y empleadores. A nivel gremial también se acuerdan otras pautas que apuntan a proteger el salario de los vaivenes económicos que puedan surgir. Esta dinámica, por ser justa y la que regula a la mayoría de la población, debería regir también para la actividad pública, pero no es así.

Con respecto a las responsabilidades concretas de los legisladores poco sabemos, más allá de los compromisos formales y protocolares. ¿No deberían tener metas y objetivos a cumplir, proyectos que desarrollar, horarios que respetar? A diferencia de los demás trabajadores, ninguna obligación por el estilo figura en sus contratos. En cuanto a sus remuneraciones y prebendas es obvio que están muy despegados del resto de la población asalariada, el salario nominal de un legislador es de $ 175.158. mas $ 29.455. por gastos de representación (U$S 6.000 aprox.). Estos señores legisladores son los mismos que disponen en la rendición de cuentas los recursos que el país habrá de destinar para educación, salud y seguridad públicas, recursos que siempre están por debajo de sus necesidades y expectativas reales. ·”El crecimiento del PBI de la página del Banco Mundial de los últimos 10 años para Uruguay  dio un 76%. Obviamente ningún salario subió eso… ¿Ningún salario? Y ahí me fijé en lo que ganaban en dólares los senadores: pasaron de 2.700 dólares en 2007 a 5.500 dólares en la actualidad.” (Fuente: Portal 180 http://www.180.com.uy). Es evidente que los criterios que utilizan para administrar los recursos destinados al bienestar de la población, no son los mismos que aplican para ajustar sus salarios. Si a estos privilegios  y dualidad de criterios le agregamos la incapacidad de  lograr acuerdos mínimos para establecer políticas de estado a largo plazo en asuntos estratégicos para el País; si además vemos como malgastan su tiempo en discursos huecos y acusaciones cruzadas que no conducen a nada y no resuelven los problemas de la gente; si escuchamos a diario denuncias de corrupción diseminadas por toda la actividad pública, si vemos los  privilegios por un lado y los pobres resultados de la gestión por otro, no es descabellado que la gente comience a ver a los políticos como una clase separada del resto de la Sociedad, alejada de los propósitos para los que fue nominada por los electores.

No compartimos el “que se vayan todos” aunque ganas no nos faltan. Nunca creímos tampoco que pateando el tablero se resuelvan las cosas. Creemos que la política todavía tiene hombres y mujeres muy valiosos  que han sido desplazados por una marea de aguerridos e ineptos arribistas que no logran ver más allá de sus narices. Rescatar esos valiosos activos humanos hoy “en reserva” debe ser un punto en la agenda de  quienes pretendan dar un giro a este rumbo autodestructivo por el que hoy transitamos.

Otra propuesta modesta y  vinculada al tema inicial sería la elaboración de una carta compromiso para los futuros aspirantes a cargos públicos. Se trataría de un documento que establezca derechos y obligaciones, que exija proyectos y áreas de acción concretas en las cuales el futuro legislador centrará su accionar. Contendría clausulas para que el legislador se comprometa   a implementar sistemas de información periódicos, que permitan a la ciudadanía un seguimiento permanente de la actividad  y decisiones tomadas por sus legisladores durante toda su legislatura. Si bien este “contrato” no tendrá poderes sancionatorios directos e inmediatos, será una buena fuente de información y transparencia para que la ciudadanía saque sus propias conclusiones.

En momentos de grandes cambios de paradigmas, modificaciones de valores culturales y morales, cuando los tremendos avances tecnológicos no dan tregua, la democracia requiere cambios y adaptaciones para seguir siendo el buque insignia de las sociedades libres y organizadas. Hay vicios y opacidades que el sistema ha ido naturalizando que hay que desterrar. No pueden los legisladores seguir votando su propio salario y que este sea 10 veces superior al salario promedio, ¿con que autoridad van a pedirle austeridad y paciencia a una población cansada de postergaciones?.

Que la imagen de los políticos está desgastada y devaluada no es novedad, que eso no es bueno para nadie, tampoco. Ahora bien, la iniciativa para recuperar la confianza perdida la debe tomar el sistema político en su conjunto. Alguien debería tener la lucida sensatez de convocar a un espacio descontaminado de la basura electorera que no les permite ver que el País requiere unidad política para enfrentar los nuevos desafíos que ya se están presentando. Da mucha tristeza ver como un manojo de intereses mezquinos tienen a todo un país de rehén y lo peor, es  saber que  les produce un gran placer el fracaso del otro, aunque eso signifique una desgracia para el Uruguay.

A la mayoría de los legisladores la gente los desconoce, su mayor virtud ha sido levantar la mano para votar en forma obediente y disciplinada cuando sus lideres lo indiquen. Algunos legisladores trabajan, otros son vagos y  otros tantos no sabemos. Eso sí, todos cobran. ¿Qué hacen con la plata? Eso no nos importa. Nos importa lo que hacen con su tiempo y nuestro futuro.

Gracias por su tiempo, hasta pronto!!

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